Recibir un tratamiento corporal es un gustazo, desde un masaje hasta un peeling corporal o recubrimiento con cualquier tipo de mascarilla. Es muy relajante y placentero pero no todas estamos acostumbradas a que una persona, por muy profesional que sea, nos pase las manos por el cuerpo desnudo.

Si esa sensación de desnudez te preocupa, no le des más importancia de la que tiene. No olvides que vas a ir a un centro donde trabajan profesionales y tienen atenciones de las más delicadas. Una buena esteticista nunca te hará sentir incómoda y hará lo posible para que tu experiencia sea genial para cuerpo y mente.

Por norma general, te dejan en la cabina de trabajo con las instrucciones precisas de dónde dejar tu ropa y qué ponerte para recibir el tratamiento. Salen fuera mientras te cambias y vuelven a entrar cuando ya estás estirada en la camilla, tapada por un par de toallas que irán quitando y volviendo a colocar parcialmente mientras realizan su trabajo.

Ahora imagínate que te atiende un hombre esteticista en vez de una mujer. Esto me pasó a mí la semana pasada cuando fui a un centro de belleza para un recubrimiento de barro: me hacía mucha ilusión porque era mí primero.

Cuando me abrió la puerta un señor y me hizo pasar él mismo a la cabina, me lo olí: aposté conmigo misma si iba a ser él. Y gané (luego me pagaria algo para recompensarme a mí misma). Me quedé sorprendida y en blanco, supongo que la reacción es normal y que os pasaría a todas. Pero no dije nada y seguí las instrucciones.

Pero si te pasa a ti y no te han avisado, soy de la opinión que tienes todo el derecho a cambiar de idea, ya sea pedir una mujer o cambiar de día si están todas ocupadas. No tiene nada que ver con la profesionalidad del esteticista: seguro que está muy preparado. Pero si vas a estar incómoda, estás pagando un tratamiento que no tiene nada de barato para no disfrutar de éste como te mereces.

Si no te importa y sigues adelante, tranquila porque tú marcas el límite hasta dónde puede llegar con sus manos. Este tipo de tratamientos incluye un exfoliante corporal, recubrimiento y aplicación de una crema o aceite hidratante al final, con las duchas pertinentes. Evidentemente, cuerpo descubierto salvo por la braguita desechable que te facilitan.

Lo más profesional en este caso es que el profesional evite las zonas más íntimas como es el pecho, las nalgas y la parte más superior de los muslos por razones obvias. Si ya has recibido un masaje de espalda, seguro que incluyeron las nalgas: es lo mismo.

Si tu no dices nada, no quitará en ningún momento la toalla que te cubre el pecho. Pero tampoco recibirás el tratamiento. Lo mismo con las nalgas: no pasará las manos a menos que tú le indiques que no te importa. Tú debes pronunciarte o no, así de simple. Si cuando está realizando el exfoliante corporal, ya le comentas que puede pasar también por una de esas zonas  conflictivas, ya lo entenderá y te preguntará si quieres recibir también el recubrimiento y posterior hidratación.

En ese caso, que te lo aconsejo porque no pasa absolutamente nada y aprovechas al 100% el tratamiento, nunca debe pasar la mano en la zona de los pezones. Nunca jamás, no sólo por respeto a ti (eso tampoco lo hacen las esteticistas mujer) sino porque no hay que aplicar ningún tratamiento. Cómo te pase eso, dímelo que me lo cargo por ti.

En cuanto a mi corporal, fue fantástico, no me sentí incómoda en ningún momento y mi piel está más contenta que unas pascuas. Estas personas ya están preparadas para el trabajo y son muy delicados y atentos. Déjate mimar y relájate, que a eso has ido.

Os agradecemos comentario sobre el tema.

Publicado: 18 de Enero de 2017